
El primer paso de la ignorancia es presumir saber, y muchos sabrían si no pensasen que saben.
Baltasar Gracián
Una sola persona tiene cierta capacidad de accionar y producir resultados. Esta capacidad está dada por varios factores como son el conocimiento, los estudios, la experiencia, compartir con otras personas, entre otros.
Y esa capacidad se evalúa de acuerdo a los resultados que obtiene la persona: si son los esperados, caracterizamos a la persona como capaz, con dominio y certidumbre en lo que hace. A ese espacio de certidumbre lo llamaremos el espacio donde “sé que sé”
Pero ninguna persona posee todo el conocimiento o la capacidad requerida para acometer cualquier situación. Es cuando aparecen los demás como posibilidad, es decir, la red de ayuda que se moviliza a través de pedidos.
Puede parecer obvio, pero muchos de los problemas que enfrentamos a diario siguen existiendo porque tratamos de resolverlos nosotros solos, con las acciones que ya conocemos. Buscamos mover esas situaciones al dominio donde nos sentimos capaces, a “nuestra certidumbre”, y cuando aplicamos las acciones que conocemos a problemas que no conocemos los resultados son impredecibles y en la mayoría de los casos no corresponden con lo esperado.
El dominio de lo desconocido puede tener dos formas:
- “lo que sé que no sé”, es decir, donde reconocemos que no tenemos las competencias para accionar. A este espacio lo llamamos ignorancia.
- “Lo que no sé que no sé”: es quizás el espacio mas complejo y lo llamamos ceguera.
Todas las personas tenemos estos tres espacios: certidumbre, ignorancia y ceguera, y lo más interesante es que estos tres espacios pueden ser distintos entre las personas. Por eso mientras más heterogéneo es un grupo, mayor cantidad de soluciones y respuestas podremos encontrar.
Esta puede ser la clave para potenciar nuestra capacidad de enfrentar situaciones y resolver problemas, en especial aquellos que reconocemos como complejos:
- Ver al otro o a la otra como posibilidad: Invitarlo a construir. No plantearle nuestra solución como “la solución”, sino compartirle la situación e invitarle a que nos comparta su punto de vista.
- No asumir que el problema está en nuestro espacio de certidumbre: permitirle al otro que nos plantee una nueva posibilidad. En otras palabras, estar abiertos a que quizás estamos en el espacio de ceguera, y que estamos dispuestos a pasar al espacio de ignorancia.
Es decir, acometer en conjunto la solución, declararnos ignorantes y estar abiertos al aprendizaje.
"Ignorante" se ha utilizado como un calificativo despectivo y quizás de ahí surge un temor natural a declararnos ignorantes. Esta connotación negativa puede cambiar si agregamos nuestra declaración de apertura al aprendizaje.
Dicho de otra forma: “me declaro ignorante y estoy abierto y dispuesto a aprender”.
No estamos solos en el mundo. La red de apoyo y su capacidad de resolver situaciones que hoy nos agobian es mucho mayor de lo que sospechamos.




















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