
En general las personas nos sentimos mal cuando cometemos errores, cuando algo no nos sale perfecto. ¿Es malo? No hay una respuesta simple y precisa.
Ser perfeccionista nos puede motivar a mejorar continuamente, a afrontar cada vez mayores retos y a conseguir grandes logros.
Pero también la búsqueda de la perfección puede llevarlos a la parálisis: "No puedo realizar lo que me pides hasta que no sepa la forma 'correcta' de hacerlo". Peor aun es cuando nos lleva a la auto-descalificación: "¿Como no puedo ser capaz de hacer esto?"
La perfección también nos puede cerrar las posibilidades de mejora y aprendizaje pues, "si soy perfecto, si lo hago todo bien ¿que mas tengo que aprender?".
En los equipos de trabajo el perfeccionismo genera desperdicios en forma de desgate y pérdida de tiempo al atender detalles irrelevantes que no generan valor o que no apuntan a los objetivos planteados.
También se genera un rechazo al error por miedo a las represalias o a la perdida de identidad.
Dentro de las empresas esto puede generar prácticas contrarias a la evolución y a la mejora:
- Apego a recetas conocidas
- Poca apertura a tomar riesgos
- Reducción progresiva de la innovación
- Esconder los errores
- Bajo nivel de aprendizaje
En el blog de Rafael Martinez encontré este genial "Manifiesto contra la perfección" que muestra 10 peligros de la llamada "cultura de la perfección".
La invitación es que aceptemos las imperfecciones y los errores (nuestros y de los demás) como parte natural de la vida y que los aprovechemos como una oportunidad para aprender y ser mejores.




















ESTÁ
ESTÁ BUENÍSIMO JUAN!!!!!!