Muchas veces se ha comparado una empresa con una orquesta: Excelentes ejecutores con un objetivo o "partitura" claramente definda, donde cada uno sabe cuando comienza y termina su parte, cuando comienza y termina la parte del otro, y con un Director quien finalmente es responsable por sacar lo mejor de cada uno de sus músicos (a veces arrogantes, tercos e indisciplinados) para que la obra final sea del agrado del público.
Pero el mundo actual no es tan "organizado" y en muchos casos no existe "la partitura" a seguir.
En el mundo de los negocios sucede algo similar con el
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